Uno de los mellizos todavía estaba vivo cuando un agente regresó y volvió a dispararle en la cabeza, según el relato de su abuela paterna, Gleny Jiménez. Randy Omar Borges y Omar Randy Borges tenían 16 años.
La familia sitúa las muertes en la mañana del 21 de octubre, dentro de la vivienda donde residían en Mendoza, Santo Domingo Este. «Entraron, rompieron la puerta con dos muchachos en bóxer, acostados, que nunca despertaron», relató Manuel Sugilio, familiar de los adolescentes. «Ahí los mataron».
La denuncia se suma a las de parientes que reclaman esclarecer muertes atribuidas a enfrentamientos con la Policía.
Diario Libre identificó 98 fallecidos en esos hechos entre el 1 de septiembre y el 25 de octubre: 55 durante el mes inicial y 43 en el transcurso del segundo. La cuenta está documentada. El alcance de las investigaciones del Ministerio Público y sus resultados siguen sin conocerse. La Procuraduría invocó la reserva de las pesquisas penales y la protección de datos personales para no responder la solicitud de información de este periódico.
Entre los 98 casos contabilizados por Diario Libre, se localizaron reportes de agentes heridos en dos intervenciones. Una de ellas dejó dos policías heridos; la otra, uno. Uno de esos informes corresponde al mayor Andrés Pascual, a quien el director general de la Policía, Ernesto Rodríguez García, visitó en el Hospital Dr. Ney Arias Lora. Según los reportes, Pascual y otro miembro de la institución resultaron heridos por Jancel Palacios Arias «Hansel Boca Negra», durante una intervención policial registrada en Santo Domingo Norte.
En otro hecho, el cabo Rafael Gómez, integrante de la unidad táctica SWAT, sufrió una herida de bala en la mano izquierda durante un allanamiento a Isaac de Jesús Fernández Reyes, a quien la Policía mató en otro supuesto intercambio de disparos en Santiago. Diario Libre solicitó información oficial sobre la cantidad de agentes policiales que resultaron heridos por armas de fuego en el territorio nacional, así como las unidades policiales a las que pertenecen, durante hechos reportados como intercambios de disparos desde el 1 de enero. Al cierre de este trabajo, no había recibido respuesta.
«Al notar la presencia policial, el sospechoso abrió fuego y los agentes repelieron la agresión». Esta oración se convirtió en la fórmula institucional con la que la Policía explica los decesos ocurridos a manos de la Dicrim. Los comunicados suelen presentar al fallecido como «reconocido delincuente», «reconocido antisocial», «peligroso delincuente», «presunto delincuente», «malhechor» y «presunto asaltante» y fundamentan la intervención en órdenes de captura o labores de inteligencia. Acto seguido, la narrativa sitúa la iniciativa del ataque en el investigado.Para describir la actuación de los agentes, también se utilizan expresiones como «repeler la agresión», «se vieron en la obligación de repeler el ataque», «abrió fuego al percatarse de la presencia policial», «se resistió al arresto» y «era activamente buscado». La secuencia concluye con el mismo patrón. Primero el impacto de bala, luego el traslado de emergencia y después el deceso «mientras recibía atenciones médicas», acompañado del reporte de armas e indumentaria recogidas en la escena.Para Tahira Vargas, antropóloga, más que la impunidad, lo más grave es lo que ella considera una orden de matar dentro de la Policía. La experta reveló que sostuvo diálogos con personas que incluso conocían a algunos de los muchachos muertos en estos meses. Contaban cómo en ciertos casos pagaban a los policías una tarifa mensual de 125,000 pesos por venta de drogas. Según esos relatos recogidos por la antropóloga, quienes atracan y roban también deben entregar un porcentaje. «Esta es una sociedad violenta donde el ejercicio de la violencia se justifica como método de corrección», explicó.
«Al notar la presencia policial, el sospechoso abrió fuego y los agentes repelieron la agresión». Esta oración se convirtió en la fórmula institucional con la que la Policía explica los decesos ocurridos a manos de la Dicrim. Los comunicados suelen presentar al fallecido como «reconocido delincuente», «reconocido antisocial», «peligroso delincuente», «presunto delincuente», «malhechor» y «presunto asaltante» y fundamentan la intervención en órdenes de captura o labores de inteligencia. Acto seguido, la narrativa sitúa la iniciativa del ataque en el investigado.
Para describir la actuación de los agentes, también se utilizan expresiones como «repeler la agresión», «se vieron en la obligación de repeler el ataque», «abrió fuego al percatarse de la presencia policial», «se resistió al arresto» y «era activamente buscado».
La secuencia concluye con el mismo patrón. Primero el impacto de bala, luego el traslado de emergencia y después el deceso «mientras recibía atenciones médicas», acompañado del reporte de armas e indumentaria recogidas en la escena.
Por Dagoberto Lockward


