El 11 aniversario del Partido Revolucionario Moderno no fue una simple efeméride partidaria. Fue la reafirmación de un proyecto político que nació para romper con un modelo de poder que durante dos décadas convirtió la impunidad en sistema.
El presidente Luis Abinader dejó claro que la unidad del PRM no es circunstancial; es estratégica. Es la base de un partido que ha demostrado que se puede gobernar con transparencia, con datos y con resultados medibles.
Reducir la pobreza de 39.65% en 2012 a 18.45% en 2025 no es narrativa. Es estadística oficial. Es evidencia que cualquier ciudadano puede verificar.
Pero para entender el contraste hay que recordar el pasado reciente.
El país vivió 20 años bajo administraciones del Partido de la Liberación Dominicana donde los grandes escándalos no fueron accidentes aislados, sino síntomas de un modelo: Odebrecht, Punta Catalina, Antipulpo, Coral, Calamar. Expedientes judiciales, no rumores.
Ese fue el sistema que institucionalizó el privilegio.
Y en medio de ese contexto histórico, resulta políticamente insostenible que algunos intenten presentarse hoy como figuras renovadas.
Leonel Fernández fue tres veces presidente bajo la boleta del PLD. Fue figura central, líder estructural y símbolo de esa organización durante años. Pretender ahora diferenciarse como si hubiese sido un actor externo a ese ciclo político no resiste el más mínimo ejercicio de memoria histórica.
El pueblo dominicano sabe que no se trata de una ruptura ideológica profunda, sino de una fractura interna de poder. Cambiar de sigla no cambia el pasado. Cambiar de partido no borra 20 años de decisiones compartidas.
La ciudadanía no es ingenua. Tiene memoria.
Por eso el presidente Abinader fue contundente: el principal enemigo de la oposición no es el PRM, sino Google y las herramientas de verificación de datos. Porque allí están los decretos, los presupuestos, los contratos y los hechos. Allí está el archivo histórico que impide la amnesia política.
Hoy la diferencia es visible: funcionarios investigados, apartados y sometidos cuando corresponde. Sin blindajes absolutos. Sin pactos de silencio.
El PRM cumple 11 años con unidad y con indicadores que respaldan su gestión.
La oposición intenta reescribir el pasado, pero la historia reciente está demasiado fresca.
En política, la coherencia pesa.
Y el país sabe quiénes fueron protagonistas del modelo que ahora intentan desconocer.




