SÍDNEY.- Australia advirtió este martes de que el rápido avance de la Inteligencia Artificial (IA) está transformando el panorama de las amenazas cibernéticas y permite a actores maliciosos detectar vulnerabilidades y ejecutar ataques con una velocidad, escala y sofisticación sin precedentes, según el informe anual de ciberamenazas del Gobierno australiano.
El documento, publicado por la Dirección de Señales de Australia (ASD, por sus siglas en inglés), señala que la IA se ha convertido en el factor más determinante de la evolución de las amenazas digitales durante el último año, tanto por su potencial para reforzar la seguridad como por su utilización con fines maliciosos.
El informe alerta también de nuevos riesgos derivados de acciones no previstas de agentes de IA y de pruebas de modelos avanzados, en un contexto de creciente preocupación internacional por la capacidad de estos sistemas para interactuar con redes informáticas y ejecutar operaciones con autonomía.
Durante el ejercicio 2025-2026, el Centro Australiano de Ciberseguridad (ACSC), dependiente de la ASD, respondió a más de 1.500 incidentes, un incremento superior al 20 % respecto al perìodo anterior, y notificó a distintas entidades más de 4.400 veces sobre posibles actividades maliciosas, casi un 80 % más que un año antes.
Los ataques afectan a organismos públicos, empresas, infraestructuras críticas y particulares, con objetivos que incluyen el robo de información y dinero, el espionaje y la preparación de futuras operaciones, según el documento, que también advierte de la creciente dificultad para distinguir entre actividades patrocinadas por Estados, sabotaje y ciberdelincuencia.
El informe se publica semanas después de que el director de estrategia de OpenAI, Jason Kwon, reconociera ante una comisión parlamentaria australiana que la respuesta de la compañía a un acceso no autorizado de uno de sus agentes de IA a un portal gubernamental relacionado con el sistema sanitario no había sido suficientemente buena.
El incidente se produjo en junio, cuando un modelo utilizado en un entorno interno de entrenamiento y evaluación intentó obtener información sobre el gasto público en medicamentos y acabó accediendo a zonas no públicas de un sistema gubernamental.
OpenAI afirmó que no encontró pruebas de que el modelo consultara historiales médicos ni datos individuales de pacientes, aunque la compañía admitió posteriormente que tardó demasiado en informar a las autoridades.
El caso puso de relieve los riesgos asociados a los agentes capaces de ejecutar tareas y realizar acciones no previstas por sus desarrolladores, una preocupación que también recoge el informe australiano.
El ministro de Defensa australiano, Richard Marles, defendió en el texto la necesidad de aprovechar la IA sin ignorar sus riesgos y pidió a ciudadanos y organizaciones reforzar sus sistemas, actualizar sus equipos y adoptar medidas básicas de protección.
Por Dagoberto Lockward


