El municipio de Guayabal, en la provincia de Azua, quedó incomunicado este jueves, luego de que las fuertes lluvias registradas desde el pasado lunes provocaran la crecida del arroyo La Tina y el río Las Cuevas, arrastrando los pasos provisionales que permitían el acceso a la localidad.
Las precipitaciones, asociadas a la incidencia de dos vaguadas sobre el territorio nacional, han afectado las vías de comunicación de esta localidad, cuya principal actividad económica es la agricultura.
En conversación con Diario Libre, el residente Jarol Galván explicó que durante el martes y miércoles la comunidad quedó parcialmente incomunicada, debido a que todavía podían utilizar una vía alterna por el sector Los Rincones. Sin embargo, este jueves también colapsó un pequeño paso ubicado en esa ruta, dejando a los residentes sin acceso vehicular.
Galván indicó que los pasos provisionales afectados habían sido construidos hace aproximadamente cuatro meses, mientras avanzan los trabajos de construcción del puente sobre el arroyo La Tina, en la entrada principal de Guayabal.
Explicó que las estructuras consistían en alcantarillas colocadas de manera provisional, que fueron arrastradas por la crecida del arroyo junto con parte de la carretera habilitada para el tránsito.
Esta vía comunica a Guayabal con las comunidades de Los Taínos y Las Cañitas, y constituía el principal acceso para el traslado de personas y productos agrícolas.
Aunque existe otra ruta por Los Rincones, Galván señaló que se trata de un camino agrícola que solo permite el tránsito de vehículos de doble tracción y animales de carga.
El residente advirtió que la incomunicación está afectando la economía de Guayabal, una comunidad dedicada principalmente a la producción agrícola, especialmente de frutas y aguacates.
«Más de 18 camiones con carga que están quedados de aquel lado», manifestó Galván al describir la situación que enfrentan los agricultores.
Agregó que varios productos agrícolas se están perdiendo ante la imposibilidad de trasladarlos hacia los mercados.
Por Dagoberto Lockward


