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jueves, octubre 22, 2026
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El sermón que desnuda al gobierno

La celebración del Día de las Mercedes en la Zona Colonial no fue solo un acto de devoción; se convirtió en un medidor del fastidio social. Desde el púlpito de la parroquia de Nuestra Señora de las Mercedes, el sacerdote fray Jorge Jiménez pronunció una frase que retumba con la fuerza de una verdad inocultable: la inseguridad es un tema del que «solo se habla y no se resuelve». Estas palabras no solo describen el sentir de la feligresía, sino que constituyen una radiografía implacable de la inacción y la pasividad gubernamental frente al flagelo de la delincuencia que mantiene secuestrada a la sociedad dominicana.

Es alarmante que la denuncia de la violencia deba escalar de forma recurrente a las homilías para encontrar un eco público de relevancia.

Mientras los ciudadanos viven con el temor constante de salir a las calles, de ser asaltados en la puerta de sus hogares o de ver truncado su patrimonio por el avance desbordado de las bandas y los delincuentes comunes, la respuesta oficial parece atrapada en un bucle eterno de discursos vacíos, promesas de reformas que nunca cuajan y planes piloto que se diluyen con el tiempo.

El gobierno ha confundido la gestión de la seguridad pública con una campaña de relaciones públicas.

El púlpito y el silencio del Palacio

Fray Jorge Jiménez tocó un punto neurálgico al señalar que la delincuencia no es un fenómeno aislado, sino que está vinculada a profundas carencias estructurales: la educación deficiente, la descomposición del tejido familiar y una cultura que, de forma perversa, fomenta la obtención rápida de bienes materiales a través de la violencia.

Ante este complejo escenario, la respuesta del Estado no puede limitarse a la indiferencia o al conformismo de justificar la crisis con base en estadísticas manipuladas.

No se trata de si los índices subieron o bajaron un punto porcentual en el último trimestre; se trata de la percepción real de desamparo que experimenta la población en su día a día.

La crítica eclesiástica pone el dedo en la llaga de la falta de voluntad política para coordinar soluciones integrales.

El sacerdote abogó por el establecimiento de mesas de diálogo que permitan articular alternativas conjuntas.

Por Dagoberto Lockward

Dagoberto Lockward
Dagoberto Lockward
Periodista con experiencia en temas políticos, económicos y culturales.
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