Figuras del ambiente musical lamentaron este martes la muerte de Zeneida Socorro Castillo, esposa del merenguero Gilberto Julián Sarante Perdomo, conocido artísticamente como Julián Oro Duro, quien fue asesinada en su residencia, en un hecho registrado en el sector Brisa Oriental VI, Santo Domingo Este.
Durante el velatorio de Zeneida, en la funeraria Blandino de la avenida Sabana Larga, amigos y allegados de la familia de Julián reclamaron a las autoridades adoptar medidas para enfrentar la delincuencia en el país.
El productor musical Chino Méndez manifestó que las autoridades deben aplicar la ley y actuar para capturar a los responsables del crimen.
«Ya esto se salió de las manos. Aunque también la educación se establece en el hogar, la Constitución establece que los acusados deben ser acusados y juzgados, pero hay que ser precavidos y capturar a los responsables», expresó a su llegada a las honras fúnebres.
Méndez también destacó el vínculo que mantiene con Julián Oro Duro, a quien dijo considerar como un hermano, por lo que lamentó profundamente la tragedia.
De su lado, el músico y comediante Andrés Martínez, conocido como Cacheíto, sostuvo que la delincuencia en el país está comenzando desde abajo y comparó la situación con la que, según afirmó, enfrentó El Salvador.
«Las pandillas en El Salvador, con Bukele, comenzaron así, haciendo crímenes. El presidente Luis Abinader se pronunció, pero esperamos que no sea populismo y esperamos que agarren a los delincuentes vivos, porque hubo premeditación y alevosía», declaró.
Martínez argumentó que, producto de la delincuencia, muchos ciudadanos viven con temor de ser víctimas de robos, incluso mientras transitan por las calles.
Asimismo, el músico Charlie Papa manifestó que la seguridad de los ciudadanos está en riesgo, incluso, dentro de sus propios hogares.
«Ya no hay confianza ni en amigos. Las autoridades perdieron el control sobre la delincuencia. El maestro Julián Oro Duro está ahora en la Plaza de la Salud por los golpes que le dieron esos delincuentes», expresó.
Por Dagoberto Lockward


