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jueves, febrero 5, 2026
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Editorial: ¿Hacia dónde se dirige el Gobierno?

Como parte de su estrategia de relanzamiento y fortalecimiento institucional, el presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, ha puesto en marcha cambios significativos en distintas dependencias del Estado. Estas decisiones responden a la necesidad de reconfigurar la estructura administrativa del gobierno y, al mismo tiempo, proyectar una imagen renovada que genere confianza en los sectores productivos y en la ciudadanía en sentido general.

El escenario actual presenta condiciones económicas favorables para continuar impulsando la inversión, particularmente en el sector turístico, así como un clima de seguridad jurídica que resulta determinante para la materialización de nuevos proyectos comerciales e industriales en todo el territorio nacional. Estos elementos han sido claves para sostener el crecimiento económico y fortalecer la percepción internacional del país como un destino confiable para los negocios.

Gobernar un país como la República Dominicana exige no solo capacidad técnica y visión estratégica, sino también liderazgo, coherencia y sentido de responsabilidad frente a los desafíos estructurales que persisten. En ese contexto, la ética de trabajo del presidente Abinader, respaldada por sus valores y su discurso de transparencia, lo han colocado como un referente en la gestión pública contemporánea, especialmente en materia de institucionalidad y respeto al Estado de derecho.

Sin embargo, el tiempo político avanza con rapidez. Aunque no siempre resulte evidente, el país ya se encuentra inmerso en una ruta crítica de cara al año 2028. Al mandatario le restan aproximadamente dos años y medio para concluir su gestión, tras haber agotado los dos períodos constitucionales y sin posibilidad de una nueva repostulación. Esta realidad ha llevado a que su visión de gobierno se enfoque en dejar un país mejor posicionado en términos económicos, institucionales y sociales.

En paralelo, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) enfrenta el reto de preservar la cohesión interna y consolidar su proyecto político más allá del liderazgo presidencial. Mientras tanto, las fuerzas de oposición, como el PLD y la Fuerza del Pueblo, trabajan en procesos de reestructuración interna con el objetivo de recuperar la confianza de un electorado que en ciclos anteriores les dio la espalda.

A este contexto se suma la inminente rendición de cuentas del 27 de febrero, cuando el presidente comparecerá ante la Asamblea Nacional para presentar un balance de su gestión. Con ello, el Congreso Nacional dará inicio a una nueva legislatura marcada por el compromiso de dar respuesta a una agenda pendiente de proyectos de ley y resoluciones que inciden directamente en el desarrollo nacional.

No obstante, más allá de los logros alcanzados, persisten oportunidades claras de mejora en sectores neurálgicos como educación, salud, vivienda y empleo, áreas donde la población continúa demandando respuestas más concretas y sostenibles. El verdadero desafío del gobierno no radica únicamente en exhibir cifras macroeconómicas favorables, sino en traducirlas en bienestar tangible y equitativo para la mayoría de los dominicanos.

En ese contexto, conviene recordar que la democracia es, por naturaleza, un proyecto inacabado, en permanente construcción, condicionado por las dinámicas sociales, económicas y políticas de cada época. Su fortaleza no depende solo de los procesos electorales, sino de la calidad institucional, la rendición de cuentas, la participación ciudadana y el equilibrio real entre los poderes del Estado.

De cara al futuro inmediato, la forma en que se distribuya el ajedrez político será determinante para la estabilidad democrática, la gobernabilidad y la continuidad de las políticas públicas. La madurez del oficialismo para administrar el poder, la responsabilidad de la oposición para ejercer su rol fiscalizador y la capacidad del sistema político para anteponer el interés nacional por encima de agendas particulares marcarán el rumbo del país en los próximos años.

La pregunta, entonces, sigue abierta: ¿hacia dónde se dirige el Gobierno? La respuesta no solo se escribirá desde el Palacio Nacional, sino también desde el comportamiento de los actores políticos, la fortaleza de las instituciones y la vigilancia permanente de una ciudadanía cada vez más consciente de su papel en la construcción democrática.

Dagoberto Lockward
Dagoberto Lockward
Periodista con experiencia en temas políticos, económicos y culturales.
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