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jueves, febrero 5, 2026
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Danilo y Leonel: una ruptura irreversible que anula cualquier mayoría….

En política, las traiciones no se olvidan; se cobran.

Las tensiones entre Danilo Medina y Leonel Fernández no son coyunturales ni tácticas: son estructurales, emocionales y políticamente irreversibles. Cualquier intento de vender una reconciliación entre ambos liderazgos desconoce una verdad elemental: el poder no se comparte con quien te lo arrebató.

Las recientes declaraciones de Danilo Medina no deben leerse como simples opiniones. Constituyen un acto de confrontación directa, un mensaje sin ambigüedades hacia un Leonel Fernández que edificó su proyecto político sobre una sola premisa: destruir electoralmente al PLD y convertirlo en una fuerza residual. No hay espacio para la convivencia cuando uno necesita que el otro desaparezca.

El mercado electoral dominicano reconoce hoy tres grandes fuerzas, pero la realidad organizativa es clara: el PLD mantiene una estructura territorial, cuadros medios y memoria electoral muy superiores a las de la Fuerza del Pueblo. La FP depende casi exclusivamente del liderazgo personal de Leonel; el PLD, aun golpeado, sigue siendo un partido con raíces profundas en el electorado.

Pero hay un factor que vuelve tóxica cualquier hipótesis de unidad: el origen mismo de la derrota del PLD en 2020. El peledeísmo —y Danilo Medina en particular— salió del poder porque Leonel Fernández decidió no apoyar a Gonzalo Castillo. Más aún: Leonel hizo causa común con el PRM, facilitando la división del voto opositor y acelerando la caída del partido que lo llevó tres veces a la Presidencia. Esa herida no cicatriza; se convierte en resentimiento político permanente.

Por eso, la base del PLD no solo desconfía de Leonel: lo responsabiliza directamente de su derrota histórica. El rechazo a Fernández dentro del peledeísmo no es ideológico, es visceral. Y cuando se combina con la alta tasa de rechazo nacional que arrastra Leonel, el resultado es demoledor: no existe matemática electoral capaz de construir una mayoría viable.

La historia política dominicana es implacable con estos escenarios. Dos contra uno siempre ha sido sentencia de muerte electoral. Balaguer y Bosch contra Peña en 1996. Leonel y el PRM contra Gonzalo en 2020. Hoy, pretender una convergencia Danilo–Leonel es ignorar que ambos liderazgos se perciben mutuamente como enemigos estratégicos, no como aliados potenciales.

En política, las traiciones no se olvidan; se cobran. Y mientras Danilo Medina represente al PLD que perdió el poder por la jugada de Leonel Fernández, cualquier discurso de unidad será solo una ficción sin base electoral, sin base emocional y sin futuro político

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