El interés de Estados Unidos en los minerales críticos y las tierras raras de Pedernales representa para la República Dominicana una oportunidad enorme e irrepetible. El país puede limitarse a extraer y exportar recursos, o puede utilizar ese activo estratégico para incorporarse a las cadenas de suministro de la cuarta revolución industrial.
Presidente Luis Abinader y canciller Víctor «Ito» Bisonó: el acuerdo bilateral sobre minerales críticos debe iniciar una negociación más ambiciosa. Las tierras raras son esenciales para semiconductores, sistemas de energía, electrónica avanzada, equipos médicos y tecnologías de defensa. Su presencia nos ofrece algo más valioso que una renta minera: capacidad para atraer capital, conocimiento, procesamiento, investigación y manufactura de alto valor.
La propuesta no consiste en mezclar minas con laboratorios ni en condicionar el acceso a nuestros recursos. Consiste en utilizar la confianza generada por Pedernales para ampliar la alianza estratégica con Estados Unidos. El objetivo debe ser que República Dominicana deje de participar únicamente como proveedora de materias primas y comience a ocupar eslabones tecnológicos dentro de las nuevas cadenas norteamericanas de suministro.
Propongo una estrategia de dos polos complementarios. Pedernales sería el punto de origen del activo estratégico, con exploración responsable, eventual procesamiento y participación dominicana en la cadena de minerales críticos. Punta Cana albergaría una Zona Franca de Investigación Médica Avanzada dedicada a medicina regenerativa, edición genética somática, bioinformática y manufactura piloto.
Punta Cana ofrece condiciones difíciles de reproducir en el Caribe. Su aeropuerto recibe más de 7.6 millones de pasajeros internacionales al año y mantiene conexiones con Estados Unidos, Canadá, Europa y América Latina. Su infraestructura hotelera, logística y de carga permitiría atraer científicos, médicos, pacientes y capital especializado.
CRISPR Therapeutics permite comprender la oportunidad. Junto con Vertex Pharmaceuticals desarrolló CASGEVY, una terapia celular basada en edición genética CRISPR/Cas9. Sus dos indicaciones principales son la enfermedad de células falciformes y la beta talasemia dependiente de transfusiones. En 2026, la autoridad sanitaria estadounidense amplió su aprobación para pacientes desde los dos años.
CASGEVY demuestra cómo funciona una economía basada en conocimiento. La investigación se convierte en propiedad intelectual; esta, en empresas de alto valor; y las empresas, en tratamientos, centros especializados, empleo científico y capacidad industrial. El mayor valor está en el conocimiento necesario para transformar una célula, validar un tratamiento y fabricarlo bajo estándares rigurosos.
Ese es el salto que República Dominicana debe intentar. Acumulamos más de cinco décadas fabricando productos médicos y farmacéuticos en zonas francas. Ahora debemos crear condiciones para investigar, patentar, realizar validaciones preclínicas, manejar datos biomédicos y fabricar lotes piloto.
La investigación y el desarrollo también forman parte de la ruta hacia el grado de inversión. Las calificadoras no conceden esa categoría porque un país inaugure laboratorios: evalúan instituciones, diversificación económica, crecimiento, finanzas públicas y resistencia ante choques. La I+D fortalece esos factores al elevar productividad, diversificar exportaciones, atraer inversión estable y ampliar la base fiscal.
El Banco Mundial ha señalado que República Dominicana necesita fortalecer capital humano, competitividad e innovación para elevar su productividad. América Latina invierte alrededor de 0.62 % de su PIB en I+D, cuatro veces menos que el promedio mundial. Mientras mantengamos esa brecha, compraremos las tecnologías que otros investigan y patentan.
Por Dagoberto Lockward


